Reseña: Lágrimas de Peter Pan

  • Autor: Óscar Millán Vivancos
  • Título original: Lágrimas de Peter Pan
  • Género: Novela filosófica, con tintes psicológicos.
  • Editorial: Imprenta
  • Primera edición: 1996
  • Número de páginas: 79
  • Soporte de lectura: papel.

Sinopsis del autor

El protagonista es un estudiante de B.U.P como lo era en aquel tiempo. Tiene una noviecita, lo cual le da más interés. Se protegen de la realidad superficial, creando su mundillo poético particular, más acogedor. Filosofean y hablan de literatura entre otros temas, juntos. Se deprimen mucho, pero no se limitan a eso. Están vivos. Así los siente.

Análisis personal

Lágrimas de Peter Pan es una novela corta de estilo filosófico, aunque también psicológico que intenta ahondar en la perspectiva de la vida desde el argumento de la relación amorosa que el narrador mantiene con su amada Noelia. Su estructura es, cuanto menos asombrosa, organizada en pequeños capítulos, más bien «cantos» como los utilizados en la antigua Grecia y Roma que, nos encandilan con su estilo de prosa poética, refinado y logrado con detalles muy prolijos.

Su redacción es bastante variada en cuanto al narrador; por un lado, encontraremos uno diegético (interno) que enseña sus vivencias como protagonista y, por otro lado, será un testigo de lo que ocurre a su alrededor (tipo que abarca casi la totalidad de los capítulos).

En primer lugar, es una novela filosófica porque desde la perspectiva juvenil tratan de esclarecer todo lo que les acontece en la vida diaria. Tratan de interpretar sus sentimientos, emociones, quehaceres a través del relato directo y vivo entre los dos personajes que lo único que tratan es comprender los cambios que están surgiendo en su cuerpo y en su entorno.

Como el mismo autor expone en su prólogo paso a paso, Peter Pan no es nombrado a lo largo de la novela, puesto que todos nos veremos reflejados en las observaciones, reflexiones, etc., al estilo de la filosofía de vida de Peter Pan. Nos creemos que nunca creceremos y, muchas veces, nos rebelamos para intentar mantenernos en nuestros pensamientos, pero, la naturaleza es sabia y, nos hará crecer, sentir, pensar, reflexionar y avanzar en nuestra vida.

En segundo lugar, es psicológica debido a que intenta trasladarnos a los confines de la mentalidad humana, esos que nos hacen crear nuevos mundos sin ni siquiera ser reales, simplemente serán imaginarios. ¿Para qué intentamos crear y creer en esos mundos? Sencillamente, ya que gracias a ellos podremos vivir en sintonía con lo que pretendemos ser. Pues, en esta novela, se trata el horizonte de la psicología humana, de cómo dos jóvenes intentan comprenderse gracias a los cambios que en todo adolescente ocurren, cómo deberán mediar para que eso no afecte a su relación cada más pasional y sexual, además de mostrarnos una relación que se destruirá por volverse algo tóxica al final de la misma.

Uno de los tópicos más importantes de la época clásica, como es el tempus fugit (la fugacidad del tiempo), es presentado en los capítulos finales cuando el narrador y protagonista de la historia lucha contra el reloj, básicamente lo odia con vileza, porque este artilugio le arrancará sus sueños, su futuro. No solo eso, sino que el reloj es manifestado como organizador de la vida, las prisas, la fugacidad de la horas, incluso es acusado de torturarnos con la llegada de la vejez que se va acelerando al son del segundero. Por otra parte, se nos muestra que también su relación con su amada está llegando a su fin, debido a que ya no la nota, no la encuentra, no siente su piel y piensa que la pierde.

La psique humana integra todos los conocimientos de nuestro entorno, de la vida, de las personas con las que compartimos nuestro día a día, es decir, se nutre gracias a todas las vivencias propias y/o las ajenas, para evolucionar a un estado de comprensión máxima que llegará con la adultez. Así, es presentada en esta novela, magníficamente detallada a partir del capítulo XLVI donde el protagonista parece darse debida cuenta de que no amaba, quizás solo necesita a esa persona para llenar el vacío del cariño maternal.

Al término nos damos cuenta que lo que parecía un amor idílico, no lo era tanto, posiblemente sería de estilo platónico. Admiraba, sentía placeres y emociones; pero, seguro que ya no encontraba nada que obtener de esa persona, ya nada era igual.

Y tú me sonríes, hablando y hablando. Y gesticulas nerviosamente. Y parece que te estás enfadando conmigo porque no entiendo ese chiste. No sé qué es lo que me dices. Sí, claro que te oigo, pero no te estoy escuchando. Claro que te veo, pero no estoy contigo. No estoy en ese contexto común en el que entramos a dialogar, pues solo hablas tú…

Si te gusta la novela filosófica con tintes psicológicos esta podría ser una lectura que remueva conciencias, que te haga reflexionar hasta lo más hondo de tu ser. ¿Sabemos cómo actuamos o cómo deberíamos mostrarnos al exterior? Descúbrete sumergiéndote en esta lectura apasionante.

Actualmente, el autor está pensando en lanzar una reedición, puesto que esta que yo he leído fue publicada cuando tan solo tenía 17 años. Ahora planea publicarla bajo una editorial para su mayor distribución.

Foto de portada: Image by Tú Anh from Pixabay

El misterio de Stamford

La noche de viernes 13 del 1990, Susan esperaba a sus amigos Tod, Christie y Ada en el puente del río Welland. Susan empezó a escuchar unos pasos detrás de ella. No echó la vista atrás hasta que sintió como unas gotitas frías caían por su espalda y se le deslizaban hasta su cintura.

Se puso a temblar, su corazón empezó a latir rápidamente. Al instante sintió como algo afilado le estaba recorriendo todo su cuerpo.
Al mirar a su alrededor, se dio cuenta de que había unos niños que le estaban dando la espalda y se oía como susurraban «uhuhuhuhu» acompañado de una risilla muy tétrica. Susan sintió un golpeteo en su corazón, latía fuertemente, no se tranquilizaba porque presentía algo macabro en esos niños.

Nuevamente se giró por completo, los niños avanzaron muy deprisa hacia ella sin mirarla, tenían la cabeza hacia abajo. Susan comenzó a retroceder hasta chocar contra el muro del puente. No tenía escapatoria, los niños alzaron la cabeza, pero tenían puestas unas caretas y no se sabía quiénes serían.

《No escaparaaaás》, dijeron entre risas los niños. Uno de ellos lanzó una soga hacia Susan, le alcanzó el cuello y tiraron de ella.

Los otros la cogieron por los pies y la lanzaron por el puente, quedando colgada de su frágil garganta. Ella empezó a sentir como el oxígeno se le acababa, intentaba aferrarse a la vida como fuera, pero no lo conseguía. Al mirar hacia un lado, vio a sus amigos allí colgados con todo ensangrentado.

Ella no tuvo mejor suerte, otro de los niños le tiró un cuchillo que le alcanzó el cuello, donde se le clavó y le hizo que le saliera la sangre a borbotones. Susan murió al instante.

Nada más se supo de aquellos niños que desaparecieron como si nunca hubieran existido.

Llegó Vulcano

Días grises
sin sendero ni rumbo.
Llegó Vulcano.

Llega el mes de septiembre, dedicado al dios Vulcano, y con él nos trasladamos hacia la nueva estación del año que comenzará pronto, el otoño.

El Amazonas

El Amazonas
devastado por las llamas.
Desierto queda.

Quiero que todos reflexionemos por un momento en el mundo que estamos dejando y lo que le estamos haciendo. No puede ser que el mayor pulmón del planeta se esté quemando sin parar y no se proteja.
Todos deberíamos luchar para acabar con los incendios y todos tendríamos que proteger nuestro entorno, nuestro medioambiente.

Destino Canfranc

Magdalena corría por las calles de Zaragoza, a oscuras, ninguna luz había encendida a altas horas de la madrugada. Pensaba que alguien la estaba siguiendo y continuó un poco de trayecto con un ahogo en el pecho que no la dejaba respirar. No veía a nadie por allí, solo el resplandor de la luna que la guiaba en su camino hasta la estación de tren. 

Al llegar a aquel recóndito lugar sonó un toque de trompeta, que anunciaba que el tren iba a salir en menos de cinco minutos, así que ella corrió con todas sus fuerzas para no perderlo. Entró por casualidad, agarrada por la mano de su amiga Claudia que coincidió con ella en el mismo trayecto.

―¿Qué haces por aquí Magdi? ―le preguntó Claudia en un tono cariñoso. 

―He tenido que salir corriendo desde mi casa hasta aquí porque algo me estaba persiguiendo, pero, no he conseguido ver nada― le replicó Magdalena. 

―¿Será alguien? Por que algo no creo que te siga― le contestó en modo irónico.

―No te rías Clau, yo no he visto a ninguna persona por allí― le respondió enfadada. 

Las dos continuaron su trayecto, Claudia intentó calmar a su amiga, ya que la veía que estaba inmersa en una crisis febril y ansiosa, no podía imaginarse qué podría haberle ocurrido o desde cuándo llevaría corriendo por las calles inundadas tras las últimas lluvias y la humedad del aire le podría haber afectado. Magdalena se acurrucó sobre las piernas de su amiga. 

Tras pasar por las estaciones de Villanueva de Gallego, Zuera y Tardienta se aproximaban a la de Huesca donde despertó totalmente alarmada: ―¿dónde estoy Claudia? ¿qué hago aquí contigo? ―. 

―Te has montado en la estación de Zaragoza, venías corriendo como si huyeras de alguien― le contestó Claudia. 

Al abrirse las puertas del tren, Magdalena vio como se montaban tres personas muy pálidas en el mismo vagón, el olor que desprendían la estremeció tanto, que solo les dijo un simple «buenas noches». Claudia la miró atónita y le dijo que se volviera a recostar en sus piernas. 

Reanudaron el trayecto pasando por varias estaciones como Plasencia del Monte, Ayerbe y Riglos. Claudia la miraba atentamente y ella notaba como su amiga la estaba observando, solo se podían ver sus ojos mirando hacia ningún sitio, casi en blanco, una mirada fija que asustaba a cualquiera. «¿Qué le estará pasando a Magdi?», se preguntaba Claudia. Nadie sabía. 

Magdalena se quedó fija en el letrero digital de renfe que de pronto anuncia: «PRÓXIMA ESTACIÓN SANTA MARÍA Y LA PEÑA». Se pone de pie, su amiga Claudia la sujeta y le dice que dónde va, esa no es su parada, aún les queda mucho más. Pone los ojos bien abiertos con lo blanco más prominente que sus pupilas y en ese momento, pasan dos personas ataviadas con unos atuendos oscuros. Igual que a los anteriores viajeros, les dice «buenas noches» y se vuelve a quedar pensativa en el asiento. Claudia no puede comprender qué estaba pasando allí, antes se había asustado, pero aquí más todavía, porque la estación estaba completamente desierta, solo unas pequeñas sombras de los viejos artilugios que allí iban guardando los bedeles de la estación. 

―¡ESTÁN AQUÍ CLAUDIA! ¡SON ELLOS! ¡ME HAN LOCALIZADO!―, empezó a vocear Magdalena, asustada como cuando llegó a la estación de Zaragoza. 

―Magdi, no te escondas, no va a venir nadie a por ti. Aquí, nadie te va a coger―, respondió Claudia.  

―¡MIRA ALLÍ! ¿LOS VES? ¡ESTÁN AHÍ!―, dijo sobresaltada Magdalena. 

En ese instante el tren comienza a andar, se va la luz y cuando vuelve, Magdalena está convulsionando en el suelo del vagón. Claudia se abalanza sobre ella, empieza a reanimarla, la calma y se la lleva hacia la zona de habitaciones que tienen en el vagón contiguo. 

Magdalena queda dormida en un momento y Claudia permanece con ella observándola. Pronto pasan por las pequeñas estaciones de Anzánigo, Caldearenas, y Sabiñanigo. Tras estas, llegan a la de Jaca, aquí hacen una parada más larga, de al menos dos horas, porque tienen que cambiar de andén y lo hacen manual. Los agentes del tren les instan a bajarse hasta que puedan reanudar su viaje. Desde allí se acercan a ver la Ciudadela que está a unos cuantos kilómetros, pero como saben que tardarán horas en hacer cambio de andén, deciden seguir con su marcha y ruta turística. 

Magdalena está presintiendo que algo va detrás de ellas, no hace nada más que mirar para atrás, aunque no logra ver nada. La noche es tan oscura, solamente iluminada por unos pequeños rayos de la luna que inciden sobre esa zona. Una vez que se gira siente como algo frío le roza el brazo. ―¡ESTÁN AQUÍ CLAU! ¡VÁMONOS, RÁPIDO!―.

Claudia no entiende qué está pasando, así que decide correr con todas sus fuerzas y seguir a su amiga que parece bastante asustada. Estaban entrando por la puerta de la estación cuando Claudia siente un escalofrío por todo su cuerpo que también nota Magdalena. Ágilmente se suben al vagón que lo encuentran bastante lleno, ninguna de las dos esperaba que fuera a viajar tanta gente. ― Nos están rodeando, Clau―, dijo Magdalena muy bajito en el oído de su amiga. ―No digas tonterías, Magdi, aquí no nos va a rodear nadie―. 

Pasaron tres estaciones más, Castiello-Pueblo, Castiello y Villanua – Letranz, al poco tiempo llegaron a Canfranc. Eran las seis de la mañana, Jesús, hijo de Magdalena, había ido a recogerla a la estación. Al bajarse, vio algo extraño en su madre, venía temblorosa, con un sudor frío que recorría todo su cuerpo y solo se le oía: «Nos están siguiendo», «Coge a Claudia también, por favor, nos quieren hacer algo». 

Jesús se puso pálido y dijo: ―¿QUÉ CLAUDIA, MAMÁ? ―. 

La madre respondió enseguida: ―¡AQUELLA, LA QUE HA VENIDO CONMIGO DESDE ZARAGOZA! ¡Mi amiga Claudia! 

― Pero, mamá…― Jesús no pudo contener las lágrimas, ni le salían las palabras que debía decir. 

― Pero, nada, Jesús, coge a Claudia y vámonos a casa que los que vienen en el tren vienen siguiéndome desde Zaragoza y estoy muy asustada ― predicó con agilidad Magdalena. 

― Mamá, escúchame… Claudia no está allí y en el tren no viene nadie ― expuso el hijo con un llanto incontrolable. 

― Mira a tu alrededor, ahí no hay nadie ―, le volvió a repetir.. 

― ¿NO VES A CLAUDIA? ¿NO VES A TODOS ESOS HOMBRES Y MUJERES QUE VIENEN APROXIMÁNDOSE HACIA MÍ? ― le repitió con todas sus fuerzas su madre. 

― Mamá, por favor, (llorando incontroladamente), Claudia no está con nosotros. Ahí no viene nadie. No hay nadie. 

― ¿CÓMO QUE NO HIJO MÍO? ― replicó Magdalena. 

― No, mamá, Claudia y todos los vecinos de Canfranc murieron en el descarrilamiento del tren.

La madre desolada, se desmayó en el suelo golpeándose fuertemente la cabeza. Un chorro de sangre salió muy vigoroso de su cabeza y su hijo Jesús se quedó llorando y suplicando por su vida. 

Al fondo solo se podía ver un monumento de plata que decía: «EN MEMORIA DE LOS 50 FALLECIDOS EN EL ACCIDENTE DE CANFRANC». 

Este relato participa en el concurso: #HistoriasdeViajes en Zenda Libros.

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Autor: Rubén Pareja Pinilla