La noche de viernes 13 del 1990, Susan esperaba a sus amigos Tod, Christie y Ada en el puente del río Welland. Susan empezó a escuchar unos pasos detrás de ella. No echó la vista atrás hasta que sintió como unas gotitas frías caían por su espalda y se le deslizaban hasta su cintura.

Se puso a temblar, su corazón empezó a latir rápidamente. Al instante sintió como algo afilado le estaba recorriendo todo su cuerpo.
Al mirar a su alrededor, se dio cuenta de que había unos niños que le estaban dando la espalda y se oía como susurraban «uhuhuhuhu» acompañado de una risilla muy tétrica. Susan sintió un golpeteo en su corazón, latía fuertemente, no se tranquilizaba porque presentía algo macabro en esos niños.

Nuevamente se giró por completo, los niños avanzaron muy deprisa hacia ella sin mirarla, tenían la cabeza hacia abajo. Susan comenzó a retroceder hasta chocar contra el muro del puente. No tenía escapatoria, los niños alzaron la cabeza, pero tenían puestas unas caretas y no se sabía quiénes serían.

《No escaparaaaás》, dijeron entre risas los niños. Uno de ellos lanzó una soga hacia Susan, le alcanzó el cuello y tiraron de ella.

Los otros la cogieron por los pies y la lanzaron por el puente, quedando colgada de su frágil garganta. Ella empezó a sentir como el oxígeno se le acababa, intentaba aferrarse a la vida como fuera, pero no lo conseguía. Al mirar hacia un lado, vio a sus amigos allí colgados con todo ensangrentado.

Ella no tuvo mejor suerte, otro de los niños le tiró un cuchillo que le alcanzó el cuello, donde se le clavó y le hizo que le saliera la sangre a borbotones. Susan murió al instante.

Nada más se supo de aquellos niños que desaparecieron como si nunca hubieran existido.